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Por Ing. Bolívar Solórzano Granados, MSCE, MSM, PMP

Profesor del curso de Formulación y Evaluación Estratégica de Proyectos en el Programa de Maestría en Administración de Proyectos de la Universidad para la Cooperación Internacional.

Setiembre, 2015

 

¿Qué tienen que ver los “caballos muertos” con los proyectos y negocios de la organización?  ¡Pues tienen que ver muchísimo!

Tomemos como punto de partida el siguiente extracto, descargado el 21/08/15 de http://www.bonsaimenorca.com/la-teoria-del-caballo-muerto/, el cual nos pone en el contexto de a qué nos referimos aquí con “caballos muertos”.

“LA TEORÍA DEL CABALLO MUERTO

La sabiduría tribal de los indios Dakota, transmitida de generación en generación, sostiene que: “Cuando descubres que estás montando un caballo muerto, la mejor estrategia es desmontar.”

Sin embargo para algunos gobiernos y empresas (incluidos equipos de fútbol y demás), a menudo son empleadas estrategias más avanzadas, tales como:

  • El uso de un látigo más grande.
  • Cambio de jinete.
  • El nombramiento de una comisión para estudiar al caballo.
  • Organizar visitas a otros países para ver si en otras culturas montan caballos muertos.
  • Bajar los requisitos, de modo que los caballos muertos puedan ser incluidos.
  • Reclasificación de los caballos muertos como vivos discapacitados.
  • Contratar asesores externos que ayuden a montar al caballo muerto.
  • Aprovechamiento de varios caballos muertos juntos para aumentar la velocidad.
  • Proveer fondos adicionales para aumentar el rendimiento del caballo muerto.
  • Hacer un estudio de productividad para ver si jinetes más ligeros podrían mejorar el rendimiento del caballo muerto.
  • Declarar que como el caballo muerto no tiene que ser alimentado, es menos costoso, lo que implica menos gastos generales y por lo tanto, contribuye sustancialmente a la mejora de la base de la economía, más de lo que hacen otros caballos.
  • Redefinición de los requisitos de rendimiento esperado para el resto de los caballos.

Y por supuesto, y por último, pero ciertamente no menos importante:

  • Promocionar al caballo muerto a una posición de dirección.”

Este texto me llamó la atención por su aguda, reveladora y simple carga de realidad.  Debería resultarnos evidente que si el caballo que se monta está muerto, entonces no queda más camino que desmontar (puesto en otras palabras:  si un negocio o proyecto no funciona, no queda más camino que abandonarlo).  Lo que también resulta evidente, si miramos a nuestro alrededor, en las noticias cotidianas, etc., es que en la realidad se realizan muchos esfuerzos como los que se caricaturizan en el texto citado para tratar de justificar y mantener la existencia de malos negocios y proyectos.

Sin duda, aquí es muy importante hacer la diferencia entre “caballos enfermos” y “caballos muertos”.  Un negocio o proyecto que tenga en sus elementos fundamentales el potencial para ser exitoso claramente tendría como estrategia válida el invertir los esfuerzos y recursos adicionales que se requieran para llevarlo al éxito.  No tendría sentido matar un “caballo enfermo” si podemos hacer lo necesario para curarlo y tenerlo bien.  Por el contrario, un “caballo muerto” representa un negocio o proyecto cuyos elementos fundamentales reales o previstos, si se analizan con objetividad, reflejan con claridad que sus posibilidades de ser exitoso son peligrosamente cercanas a cero.

Así, tanto sería un error de juicio el no ver el potencial positivo de un proyecto o negocio que aún no ha “despegado”, como lo sería el no ver la falta de potencial  de un proyecto o negocio que nunca va a “despegar”.  Sin embargo, estamos sujetos a la posibilidad de engañarnos, a nosotros mismos o a otros, por falta de objetividad, ya sea de buena o de mala fe.

Muchas veces vemos ocurrir que un mal negocio o proyecto se termina justificando por un análisis mal realizado.  Muchas otras veces vemos, peor aún, que un mal proyecto o negocio ha sido objeto de un análisis bien realizado, pero luego los resultados de tal análisis han sido obviados por negligencia, agendas ocultas, o intereses sesgados.

Como agentes de cambio que somos, los que practicamos la dirección y gestión de proyectos debemos tener conciencia de la importancia de evaluar rigurosamente, de forma objetiva, y con el uso de la mejor información que esté disponible, las iniciativas de proyectos y negocios que se vayan a emprender en la organización.  De igual forma, los proyectos y operaciones que ya estén en curso deberían evaluarse sistemáticamente para comprobar su potencial de crecimiento y sostenibilidad.

Así, las herramientas propias de la formulación y evaluación estratégica de proyectos, utilizadas con conocimiento, ética profesional y conciencia, deberían permitirnos evaluar objetivamente la salud de los “caballos” existentes o por existir en la organización.  Luego, a partir de esas evaluaciones, deberíamos poder dar recomendaciones acertadas y debidamente fundamentadas sobre cuáles “caballos” son aptos para cabalgar en la dirección de los objetivos de la organización y cuáles tienen, como estrategia única razonable, el desmontarlos, siguiendo el legado de sabiduría de los antiguos indios Dakota.