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Por Ing. Álvaro Mata, MAP, PMP

Profesor del curso Tópicos Especiales en la AP II (Responsabilidad Social Empresarial) en el Programa de Maestría en Administración de Proyectos de la Universidad para la Cooperación Internacional.

Diciembre, 2015

En ocasión de la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (COP21) que se celebra en París entre el 30 de noviembre y del 10 de diciembre del 2015.

El administrador de proyectos no es solo un individuo con conocimientos técnicos cuya finalidad es gestionar los proyectos para entregar productos, servicios o resultados en un marco de alcance, tiempo, costo y calidad esperados, buscando la satisfacción de sus clientes y usuarios, sino va más allá haciendo uso de su  liderazgo y de su ética, de su sentido de responsabilidad, respeto, honestidad, proactividad y adaptación al cambio, para brindar soluciones a los requerimientos de manera que beneficien a las generaciones actuales y futuras en un uso y disfrute de forma eficiente, controlada, correcta y en el largo plazo de los resultados creados.

En el mejor sentido, debemos entender al administrador de proyectos como un gestor de cambio, no un mero gestor técnico, quien se aprovecha conscientemente de su posición y de sus cualidades blandas y conocimiento técnico para entregar proyectos resueltos de forma saludable para el planeta, para la comunidad y para la economía. Es posible asegurar que la tarea del administrador de proyectos no es sencilla dada su responsabilidad como gestor de cambio, pero es una responsabilidad que crea placer y satisfacción por cuanto este profesional no se limita solo a brindar beneficio financiero a sus clientes, sino que lo debe lograr con el debido respeto a la sostenibilidad tanto del negocio como del planeta.

Al brindar soluciones, este profesional se proyecta hacia una perspectiva multidimensional, que incluye el aprovechamiento de las energías renovables y de las tecnologías limpias, busca la disminución y el control de los posibles impactos sobre el ambiente, el respeto a la comunidad vecina y a la seguridad de las personas, logra el aprovechamiento y uso apropiado y racional de los recursos que requiere, además, a través de la aplicación de sus criterios éticos y de justicia, realiza labores de adquisición de recursos, bienes y servicios de proveedores que apliquen criterios de respeto al desarrollo sostenible para ser consecuente con su pensamiento y filosofía.

Como administradores de proyectos, tenemos, me incluyo, no la obligación sino la convicción de servir tanto a nuestros clientes como al ambiente, a las personas usuarias como no usuarias, que de alguna manera se verán beneficiadas o perjudicadas con la ejecución o con el fruto del proyecto, tratando en todo momento de disfrutar de nuestro trabajo responsablemente y de dejar vivir a las personas y otros seres vivos causándoles el mínimo impacto o molestia posible, sin olvidarnos de proteger la naturaleza que nos rodea, “quien” no nos reclama de forma directa, pero que en el mediano o largo plazo lo hará a través de las nuevas generaciones van a ver mermadas sus capacidades de disfrute por nuestro irrespeto. Como administradores de proyectos, tenemos autoridad para decidir o para influir en decisiones que se caractericen por el respeto a la sostenibilidad, logrando que los proyectos que dirigimos dejen huellas positivas o, en el peor de los casos, no dejen huellas de ninguna especie, es decir, en el peor de los casos, que pasemos desapercibidos.

A través de todos los procesos de la administración de proyectos, como decisores y gestores de la ejecución del proyecto, tenemos la capacidad de prevenir, de medir, de controlar y de tomar acciones que se enmarquen en el respeto del desarrollo sostenible, de seguro que nos sentiremos satisfechos y seremos un agente de cambio más por la consecución de los objetivos ambientales mundiales.