En Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Ingenier%C3%ADa_del_Valor) tenemos, como definición de lo que es ingeniería del valor, que:

Según la Real Academia Española (2001), la palabra ingeniería se define como el “estudio y aplicación, por especialistas, de las diversas ramas de la tecnología” y valor como “grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar”. Por lo tanto, la ingeniería del valor se define como un sistema en el que se analizan y aplican medidas correctivas a un bien o servicio en el cual se busca maximizar los recursos y disminuir los costos de producción manteniendo su funcionalidad, calidad y confiabilidad inicial o mejorándolas; sin dejar de lado las expectativas del cliente (Oxford, 2011).

Esencialmente, la ingeniería de valor persigue identificar y reducir costos innecesarios, a la vez que se mantiene o mejora el valor del resultado que se busca obtener. Esto requiere una labor creativa, metódica, científica y ética. No se trata sólo de reducir costos, lo cual muchas veces puede significar posibles sacrificios de la calidad y desempeño del producto resultante. Se trata de algo que va mucho más allá de una simple reducción de costos, pues lo que se persigue es que el valor que puede entregar el producto resultante de nuestros procesos o proyectos se mantenga y hasta se incremente, teniendo, sin embargo, un costo menor que la opción de producto que teníamos antes de aplicar los principios de ingeniería del valor.

Consideremos como ejemplo una situación que nos puede resultar familiar en la construcción. Supongamos que estamos planeando la construcción de la casa de nuestros sueños. Ya hemos decidido su ubicación, su distribución arquitectónica, su área, sus dimensiones, los materiales que utilizaremos y otros tantos aspectos necesarios para cumplir con las expectativas que tenemos de lo que será nuestro nuevo hogar.

Entre otras cosas, hemos decidido que queremos que las paredes sean hechas con bloques de concreto y que tengan un acabado de repello con un color de tono pastel. Para lograr esto, lo usual sería construir las paredes de mampostería de bloques, luego hacer un repello con mortero cementicio, luego realizar un empastado con pasta de base acrílica y, finalmente, aplicar capas de pintura del color escogido. Cabe añadir que el repello puede consistir en una capa de mortero de hasta unos dos o tres centímetros de espesor, si lo que queremos es utilizar la modalidad conocida como “repello maestreado y llenado” y no la de “repello quemado”.

Si analizamos lo anterior, lo que queremos no es específicamente hacer las paredes con capas de repello y luego pintarlas con un color de tono pastel, sino que lo que queremos es que tengan un acabado de tipo repello con un color de tono pastel. Esta finalidad la podemos lograr con métodos alternativos que nos lleven a obtener el resultado deseado con otro perfil más favorable de costos.

Consideremos la siguiente alternativa: Podemos construir la pared con mampostería de bloques de concreto y luego, en vez de todo el proceso de repello, empastado, pintura, etc. que teníamos originalmente previsto, podemos utilizar como método de acabado la aplicación de un estuco cementicio. Con esta opción, podemos aplicar el estuco directamente sobre la pared de bloques para dar el acabado tipo repello. Como el estuco cementicio ya tiene el color integrado, no sería necesario realizar los procesos de empastado y pintura que se requerían con el repello convencional. Tendríamos claramente ahorros en mano de obra, en tiempo, en transporte, en peso de las paredes terminadas (lo cual podría también significar ahorros a nivel estructural), etc.

No es la intención, dentro de este breve ensayo, hacer un análisis de costos que compare cuantitativamente los procesos alternos que pusimos como ejemplos para esta reflexión. Lo que buscamos es ilustrar cómo, mediante la aplicación de los principios de la ingeniería de valor en nuestros procesos y proyectos, podemos lograr combinaciones ganadoras de mayor valor con menor costo. Es este, por tanto, un concepto de gran utilidad para ser integrado en los procesos de gestión de adquisiciones de los proyectos en los que nos involucremos.

GSPM

Por Ing. Bolívar Solórzano Granados, MSCE, MSM, PMP
Facilitador del curso Técnicas y Herramientas para la AP II (Gestionando las Adquisiciones de los Bienes y Servicios del Proyecto) en el Programa de Maestría en Administración de Proyectos de la Universidad para la Cooperación Internacional.