Destrezas Gerenciales en la Administración de Proyectos

En una ocasión, un joven alumno, probablemente haciendo sus números en función de la inversión que significa estudiar la disciplina de la Administración de Proyectos,  y que en justicia, como toda inversión que hacemos está sujeta a un retorno esperado; me preguntó como cuánto ganaba un Administrador de Proyectos (Project Manager o PM). Honestamente creo que no se esperaba la respuesta.
El punto es que para ser un PM, y realmente valer lo que se pide se necesita, por supuesto, obtener el título que lo acredite como Máster en Administración de Proyectos (MAP) –incluso profesionales certificados en este campo buscan realizar una maestría en AP, sino adicionalmente dominar el idioma inglés y una serie de, lo que se ha dado en llamar, habilidades blandas (que paradójicamente son las más duras de obtener), entre las que están: comunicación, liderazgo, trabajo en equipo, motivación y negociación, entre otras. De hecho, varios estudios han demostrado que las habilidades blandas diferencian en gran medida a aquellos que tienen éxito de los que no lo tienen, por supuesto contando con capacidades técnicas similares.
Tenemos entonces que un PM debe tener una serie de capacidades técnicas como son: establecer el alcance, diseñar el desglose estructurado de trabajo, manejar los calendarios y tiempos, procurar conseguir los recursos que necesita, controlar los presupuestos y generar los reportes de estado del proyecto. Por el otro lado, será necesario tener una serie de habilidades blandas como las mencionadas: liderazgo, comunicación, resolución de conflictos, trabajo en equipo, negociación, diplomacia y don de servicio. Y lo más importante es poder generar el equilibrio entre ambas capacidades tanto las técnicas que nos indican algunos principios básicos, como las suaves, que nos ayudan a resolver los problemas y tomar decisiones.
La Maestría en Administración de Proyectos de la UCI tiene una materia llamada “Destrezas Gerenciales” en la que se aborda esta temática y en la que se procura, en la medida de lo posible, dotar a los estudiantes de instrumentos de diagnóstico personal y de la conciencia de desarrollar estas habilidades blandas. Obviamente, el solo hecho de llevar esta materia no hace a los estudiantes adquirir estas destrezas, sino que eso va a depender más de la voluntad, la práctica y la actitud misma que asuma el estudiante en el ambiente laboral en el campo de la Administración de Proyectos.  Por tanto, el determinar cuánto puede llegar a ganar un Administrador de Proyectos está en función de todos estos factores y no solo del hecho de obtener una certificación o un título académico.  Hasta aquí la respuesta.
Ahora bien, la inquietud de este joven, muy válida por cierto, nos mueve a buscar ¿cómo lograr ese equilibrio en nuestros futuros PM? Para ello tenemos que volver los ojos hasta nuestro Sistema Educativo desde Primaria y Secundaria.
A todos los que somos padres de familia, nos halaga que nuestros hijos no tengan problemas con Matemáticas o Ciencias y que destaquen en sus calificaciones. Esto porque nuestro Sistema Educativo está diseñado para dar énfasis a lo científico matemático sobre todo lo demás y por eso sus esfuerzos van enfocados a desarrollar esos talentos.
Por esa razón, sobre todo en los últimos años, hemos observado en nuestros entornos laborales como muchos jóvenes que en teoría han sido capacitados para que puedan obtener un empleo, lo pierden por asuntos de impuntualidad o porque no tienen la inteligencia emocional necesaria para relacionarse con su jefe o para formar parte de un equipo de trabajo, o ajustarse a las normas, horarios o procedimientos. Esto se está presentando porque nuestras escuelas y colegios están dedicando más horas al aprendizaje de las habilidades técnicas que a la formación del carácter y de las destrezas blandas que requiere un buen PM.
Ante este panorama, es importante que nosotros, los Gerentes de Proyectos que estamos en este medio, actuemos desde ya como agentes de cambio, empezando por nuestros hogares y llevando la iniciativa a las escuelas y colegios para que incorporen en su currículum la necesidad de formar esas competencias blandas.
Pero poder desarrollar en los jóvenes estas destrezas, como las habilidades de comunicación, liderazgo, colaboración, adaptabilidad, implica mucho más que capacitar, practicar y evaluar. Los elementos culturales, sociales, de autoestima, auto motivación, de actitud, y muchas otras más que cada uno “llevamos dentro”, intervienen en la aceptación, comprensión y aprendizaje real de dichas habilidades.
Ello hace necesario promover un cambio en el comportamiento y en los hábitos de estos jóvenes, que redunde en un incremento general de su productividad, y eso solo se logrará con el ejemplo, la seriedad con que abordemos nuestros trabajos, la exigencia y el llamado a la responsabilidad de la juventud y sobre todo, mediante la convicción de que con la voluntad que le pongamos, estos muchachos van a llegar al punto de asumir los compromisos con mayor responsabilidad y autonomía y en vez de quejarse por el trabajo, van a aprender a enfrentarse a él con fortaleza y coraje.